A mediados del siglo XVI, un importante abogado zaragozano mandaría construir para sí un ostentoso palacio en pleno barrio de La Seo. Con el tiempo, este lugar se convertiría en la sede de una de las instituciones de más arraigo y tradición en Zaragoza: la Real Maestranza de Caballería.
Los orígenes de esta institución nobiliaria, que ha lucido varios nombres a lo largo de la historia, se remontan al siglo XII cuando tras la conquista cristiana de Zaragoza varios caballeros de la nobleza se reunían bajo el nombre de Caballeros de San Jorge, el santo soldado. No fue hasta el siglo XIX cuando el rey Fernando VII eleva esta cofradía a Maestranza.
Y todo porque, entre otras hazañas a lo largo de la historia de los miembros de esta cofradía, fueron protagonistas en la defensa de la ciudad durante el sitio de las tropas francesas en la Guerra de la Independencia. No en vano, el General Palafox, gobernador de la ciudad durante aquellos días y que hoy descansa en la Basílica del Pilar, fue miembro de esta institución.
Una institución que se instaló definitivamente en este Palacio en 1835, después de que su sede habitual fuera destruida durante los bombardeos que sufrió la ciudad. Y lo cierto es que este palacio renacentista, declarado Monumento Nacional, le viene que ni pintado a tal institución nobiliaria.
El Palacio de la Real Maestranza de Caballería sólo se puede visitar los fines de semana, es decir, sábados y domingos de todo el año, excepto el mes de agosto y los días que hayan actos relacionados con esta institución. La Oficina de Turismo de la ciudad es quien organiza estas visitas, que son guiadas, y es en dicha oficina en la Plaza del Pilar donde hay que reservar las mismas.
Se realizan entre las 11:00 y las 14:00 horas, en turnos de media hora cada visita. Tienen un coste de 2 euros por persona, si bien es gratis para desempleados y jubilados y existe una entrada reducida, a 1’50 euros, para jóvenes y estudiantes. Por un añadido, la visita se puede completar con un Paseo renacentista que incluye otros lugares de la ciudad, como el Palacio de Sástago o la Lonja.
Foto Vía Ecelan