
Durante la segunda mitad del siglo XX, muchos vecinos de zonas rurales dejaron los campos y cambiaron la vida agrícola por la vida en la ciudad. Este fenómeno, extensible en toda España, tuvo también especial relevancia en Aragón, donde poblaciones enteras llegaron a quedarse vacías.
Hoy nos acercamos hasta el Valle de Solana, en la comarca oscense del Sobrarbe. Un valle estrecho y de sinuosos caminos entre las montañas, con la sombra de las grandes cumbres de los Pirineos, e infestado de pueblos fantasmas, abandonados, de casas de piedra vacías con las ventanas y las puertas tapiadas, o de iglesias y ermitas sin imágenes ni cruces a las que adorar.
Muchos de estos hogares fueron expropiados para la construcción de pantanos, pantanos que nunca llegaron a funcionar del todo. Pantanos que inundaron casas y calles y que después secaron, dejando a su paso más de una docena de pueblos abandonados.
Jánovas, Puyuelo, Vilamana, Gere, Burgasé, Cajol, Sasé, etc … Todos estos nombres desaparecen de los mapas y de las señales, dentro del Parque Nacional de Ordesa, pero no de la memoria de las gentes del alto Aragón. Permanecen ahí, tal y como permanecen casas, escuelas, iglesias, plazas y calles, en pie, pero sin gente en ellas. El silencio, unido al impacto de las imágenes, sobrecoge.
Para recorrer estos pueblos, tendremos que recorrer carreteras abandonadas y caminos de montaña, por lo que es ideal contratar alguna agencia que organice excursiones en 4×4, como por ejemplo, Miradores de Ordesa. Si os gusta la bicicleta o preferís una aventura a pie, también encontrareis algunos senderos señalizados.
De todos modos, no todo es abandono y dejadez. Hay personas que han ocupado casas y que viven de forma rural y campestre en la más absoluta soledad. También podemos encontrarnos plazas e iglesias reformadas, y con suerte, alguna que otra romería de las que aún se celebran, y es el que el arraigo y las costumbres son difíciles de perder, pese a los años.
Foto Vía Os Zerrigüeltaires