
Tarazona, en Zaragoza, es un pueblo que nos lleva a la España marrón, es decir, a la época de gloria de la corona española. Entre su llamativo color marrón podemos discernir grandes joyas, aunque quizás el que más nos llame la atención es la antigua plaza de toros, sin duda una de las más originales de España.
Fue a partir de 1752 cuando la Corporación Municipal, algunos particulares y el Gremio de Labradores en su conjunto pusieron en marcha la idea de la construcción de la plaza en un paraje llamado Prado del Río. No obstante, las obras no comenzarían hasta el 1790 y fueron a cargo de ocho vecinos del pueblo pertenecientes a las clases más acomodadas de la ciudad. Su gran inauguración se realizó el 5 de octubre de 1792.
El antiguo coso taurino posee una original forma octogonal y no es que en los alrededores se hayan construido viviendas aprovechando la ya pasada fiebre del ladrillo, no, desde siempre ha estado rodeado de edificios de viviendas, siempre se ha pensado como una plaza en mitad del municipio.
El edificio de la plaza de toros de Tarazona consta de tres alturas y una planta baja y en su construcción se combinan varias formas de construir como son la mampostería, el tapial y el ladrillo. Con ventanas en el perímetro exterior y grandes arcos en el interior, sobre pilares ochavados, muchos de ellos cegados hoy día y antepechos de forma. En los días en que el espectáculo corría por sus arenas, la infraestructura se solía completar con un tendido de gradas de madera que se apoyaban en las paredes de las casas, lo que servía como acomodo de otro público que no tenía acceso a la parte superior.
El acceso al ruedo se solía hacer por medio de cuatro túneles o puertas, la del sur era para las cuadrillas, la del norte se dirigía directo al desolladero, la del oeste se comunicaba con los toriles, y la del este era la puerta de entrada para el público. En esta plaza de toros han toreado primeras figuras como Francisco Arjona “Cúchares”, aunque su hecho más significativo fue que en 1800 se celebraros corridas de 12 toros por concesión de entonces rey Carlos IV. Desde el 2001 tiene el distintivo de Bien de Interés Cultural.
Foto Vía: Eloy Cotallo
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